[Con intención de reactivar la economía y la marca España andamos en reformas. Disculpen si le desahuciamos, expropiamos o simplemente le jodemos. Mientras seguiremos hablando..]

20.3.12

La regla de rescate y el lenguaje mesiánico

Imagen de pkuczy


Tenemos un problema de épica y lenguaje; en realidad, es el lenguaje el que tiene un problema con la épica. Resulta que tenemos médicos y medicamentos que salvan vidas, algunas de ellas mediante maniobras de resucitación, no tenemos conocimiento de que multipliquen los panes y los peces o separen mares a su paso, pero todo se andará.

Y es que si los términos en los que se plantean los debates aluden directamente a características sobrenaturales es complicado que la razón y la ciencia entren en contacto con lo argumentado en algún momento. Surgen estos pensamientos a raíz de un ejercicio de reflexión sobre la "regla de rescate" partiendo de un comentario de JM Abellán en Gestión Clínica y Sanitaria titulado: "La 'Regla del Rescate' no puede guiar el establecimiento de prioridades sanitarias" (página 23).

La llamada "regla de rescate" consiste, básicamente, en la tendencia innata a "rescatar" (o asistir) aquellas vidas que identificamos individualmente, en situación de peligro inmediato, sin reparar en los gastos que esto pueda suponer para el sistema sanitario.

El artículo sobre el que trata el comentario de JM Abellán es "Public healthcare allocation and the Rule of Rescue", donde se comenta la decisión del NICE de no incluir la regla de rescate dentro de los supuestos que se han de considerar a la hora de reembolsar (financiar) una prestación sanitaria.

Se dice en el artículo que "El papel que corresponde a los poderes públicos es asegurar la imparcialidad y la equidad al equilibrar los intereses de individuos anónimos".

En una situación en la que el mantenimiento de un sistema sanitario público, universal y gratuito es un reto (a la par que un deseo), es necesario que, para conjugar decisiones políticas y evidencias científicas, los beneficios y virtudes de las tecnologías sanitarias (ya sean diagnósticas, terapéuticas, rehabilitadoras,...) sean expresados de forma que:
  1. Sean comparables entre ellas para poder priorizar aquellas que más beneficio reportan a la población en general suponiendo un menor coste de oportunidad (esto es, no malgastando dinero que podríamos utilizar en otras cosas que reportaran más salud a la población).
  2. Esa información redunde en una mejora de las decisiones políticas y clínicas, intentando no revestirla de magufería (resucitar y salvar vidas no son más que otra versión del lenguaje magufo del "equilibrar energías" y "limpiar auras") que puedan llevar a confundir recortes con desfinanciación selectiva y racional (supresión de la financiación de aquellas tecnologías/medicamentos que no aportan rentabilidad diagnóstica/terapéutica a nuestra población).